casa llena vacia

La casa que funciona cuando está llena… y cuando está vacía

Hay casas que en agosto parecen perfectas y en noviembre resultan demasiado grandes. Y también ocurre lo contrario: viviendas muy cómodas en el día a día que, en cuanto llegan hijos, nietos, amigos o invitados, dejan de funcionar con la misma naturalidad.

En Sotogrande esta situación es especialmente habitual. Muchas casas tienen, en realidad, dos vidas muy distintas: una cotidiana, tranquila, con pocas personas, y otra mucho más intensa en determinadas épocas del año.

Diseñar bien para esas dos situaciones no consiste simplemente en añadir dormitorios o ampliar el salón. Tiene más que ver con conseguir que la casa pueda cambiar de escala.

Cuando hay poca gente, interesa que la vida diaria se concentre de forma natural: cocina, salón, dormitorio principal, porche y jardín deben relacionarse sin obligar a recorrer una vivienda enorme. Hay zonas que incluso pueden permanecer prácticamente cerradas durante semanas sin que la casa parezca incompleta.

Pero cuando llega la familia, la lógica cambia. Entonces hacen falta espacios donde reunirse, pero también lugares con cierta independencia. Dormitorios bien situados, recorridos claros y ambientes capaces de funcionar de forma autónoma permiten que la vivienda mantenga el equilibrio incluso cuando aumenta considerablemente su ocupación.

Uno de los retos está precisamente en evitar que la casa quede condicionada por su momento de máxima ocupación. Proyectar únicamente para esos periodos puede llevar a espacios sobredimensionados durante buena parte del año. La clave está en que la vivienda conserve una escala agradable y una lectura coherente tanto cuando está plenamente ocupada como cuando vuelve a un uso más reducido.

También los espacios exteriores deberían admitir distintas intensidades de uso. Un porche, una terraza o un patio pueden funcionar como grandes espacios de encuentro y, al mismo tiempo, mantener ámbitos más contenidos que resulten agradables en el día a día.

Incluso cuestiones menos visibles, como poder climatizar solo determinadas zonas o independizar habitaciones de invitados, terminan influyendo mucho en la forma de vivir la casa.

La buena arquitectura no debería obligarnos a elegir entre una vivienda para recibir y una vivienda para el día a día.

Lo interesante es conseguir que sea ambas cosas. Que sepa llenarse cuando toca y que, cuando vuelve la calma, siga manteniendo la misma proporción y naturalidad.

 

Artículo previamente publicado en la revista SGPlus.

COMPARTIR NOTICIA

NOTICIAS RELACIONADAS: